agua del grifo, no plasticos
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A estas alturas todos conocemos el problema que suponen los deshechos plásticos y sin embargo son muchos los que se resisten a minorizar o eliminar la entrada semanal de agua envasada en sus casas. Un gesto tan sencillo como llenar un vaso de agua, o sentarse a la mesa con una jarra que se rellena una y otra vez del grifo lleva años olvidado en nuestros hogares.

En los últimos 30 años la normalización de las botellas de agua en nuestras comidas ha supuesto un cambio en nuestra forma de consumo (bastante perjudicial para nuestro bolsillo, por cierto).

En estudios realizados, la mayoría de gente no duda de la potabilidad del agua que sale del grifo, pero al preguntarles el por qué no la beben hay una gran mayoría que coincide en que no les gusta el sabor que tiene y les da tranquilidad beberla embotellada.

La cuestión de la salubridad tiene posibilidades de descarte más racionales y pasa por de comprobar la seguridad del agua que nos llega a casa. En cada una de las comunidades autónomas hay políticas diferenciadas en cuanto al servicio de aguas de consumo urbano y tanto pueden ser de gestión directa por la propia Administración Pública o de gestión indirecta, que sería aquella que se inspira en la colaboración público-privada.

Sea como sea, en la mayoría de gestoras los datos de los análisis realizados se exponen de forma pública y son fáciles de comprobar a través de sus páginas web.

La cuestión del gusto ya es más subjetivo, pero si te molesta el sabor a cloro igual puedes plantearte insertar un filtro. La OCU recomienda que los sistemas de ósmosis inversa son los sistemas de filtrado más eficaces y sirven para tratar el agua muy salina, con mal sabor, nitratos o trihalometanos, pero eso sí, siempre se deben usar sobre agua potable, nunca directamente de un pozo. Una vez filtrada, el agua se usa para beber y cocinar, básicamente.
Con estos filtros la salinidad, sobre todo el sodio y el potasio, y los trihalometanos se eliminan bien, aunque otros elementos, como los nitratos, se resisten al procedimiento de ósmosis.

Del cloro no deja ni rastro. Dado que en ausencia de cloro los microorganismo pueden aparecer, se recomienda conservar el agua filtrada con cuidado y consumirla pronto.

El inconveniente de estos sistemas es que son caros, se deben revisar anualmente y tienen una pérdida de agua para el consumidor, ya que desechan entre el 80% y el 90% del caudal de agua que utilizan para el filtrado.

Y tú, ¿bebés del grifo?


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